Curso de las arcillas

Curso de las arcillas

Mira, portero agudo, de la mañana a la mañana, Largas, adujando su chorro, a las zarzas frenéticas, Cómo la tierra nos acucia con su mirada ausente, Cómo el dolor se embota, grillo de canto parejo, Y cómo un dios no brota sino para aumentar la sed De aquellos cuya palabra se dirige a las aguas vivas.

Por tanto alégrate, querida, del destino siguiente: No clausura esta muerte la memoria amorosa. Versión de Jorge Riechmann