¿De qué remota lengua desasida proviene este resabio de abandono? En cavilosa soledad corono una imagen de niña estremecida.
¿De qué lejano olvido, que se anida en las letales naves del encono, desembarca esta queja con su tono de brisa a la intemperie amanecida?
¿De qué brazos amantes del despego zarpó el velamen de mi tierna mano, la brújula extraviada en el abrazo
confinado a la orilla? ¿Qué hay del riego de besos en que, cándida, me ufano, si hurté la dirección de su regazo. Noviembre de 1993