Condena

Condena

Húmeda y germinada en el deseo, extraña ante un perfil que desconozco, cierro puertas, clausuro el país de la fiebre.

Las personas que amo me ven partir; se quedan con mi cáscara baldía.

Soy un navío con el timón varado frente al risco desde donde despeño la palabra, prisionera de muros caducos que asedia un vendaval estéril.

Detrás del empellón del pensamiento se yerma mi surco de ternura. Soy un mármol que niega el beso elemental, el dulce instante, prodigando alabanzas al verbo: mi verdugo.

1992