Hacia el país de la alegría

Hacia el país de la alegría

Surca el itinerario de la espuma mi terco corazón desbrujulado; un esquivo temblor sus velas suma

al luminoso aroma congregado. Mi acento entre que calla y que te nombra va alertando al follaje sobre el vado.

Timon el confidente de la sombra, la luna pensativa me acompaña: su rojiza preñez mi pulso asombra.

Cambia una nube su perfil, empaña la túnica radiante de la aurora y tu caricia con mi sed se ensaña.

En el eco de la musitadora respiración del monte que nos mira celebro tu llamada portadora

de un cierto olor en celo que me inspira a descorrer mis velos, jubilosa. La garganta de un pájaro delira

despertando el deseo que me acosa; un jaguar señorea en su guarida, y late entre sus dientes una rosa.

Cumple la selva el rito de la vida, acuchillan el agua los reflejos, y oriunda de la brasa, estremecida,

comparece mi voz ante su espejo. Recibe arrebatada mi panera la miga de tus besos. Hay un dejo

de diosa primeriza, de altanera urgencia de morir en tu debajo, libertada y, al punto, prisionera.

Abdiqué del silencio y del atajo: una fosforescencia victoriosa empieza a germinarme desde abajo.

Fallece en la ribera la gloriosa marejada fugaz entre burbujas: yo te aguardo en su sábana arenosa.

El rumor de la fronda desdibuja leves palabras de confesionario que el mástil de tu ardor vence y estruja.

Hay un doble gemido solitario, la llamarada que el temblor atiza, el empuje genésico, lunario, del instante que clama y se eterniza.

Diciembre de 1994