Caminar por las arenas de tu pensamiento, viajar de polizón en las bodegas de la espera, y ceder -a esa espera de ti, de tu deseo sobreviviente de un cataclismo de espumas.
El horizonte se aposenta en mí recostándose del otro lado de mi frente. El mar se atiene a los ritos del tiempo reiterando un llamado secreto.
No me digas que he soñado otra vez, que ya es de día.
Diciembre de 1993