Verte lejano para siempre, para siempre en el suspiro de los pastos que la brisa arrodilla.
Verte partir por el zumbido del abejorro ante un sol dilapidado, tu sombra llena de luciérnagas flotando en la temblorosa incandescencia.
Mi cuerpo tendido sobre el aliento de la tierra, ensombrecido por esa luz que se distancia -mariposa de incontables lunas-, mirándote decrecer por el corredor de la ausencia.
Hay flores claudicantes en el aire, risa antigua esparcida: residuos de una cremación compasiva; hojas congregándose en un concilio de sombra, el polen instituyendo la germinación20 de primaveras futuras: las primaveras que no te verán, porque oh para siempre te estás yendo.
Junio de 1993