Sobre la lengua la memoria salada de tus ojos y los zumos del beso.
Sobre los pliegues de la lengua el desolado gusto de la ausencia, la candente sazón de nuestro aliento.
Sobre la penumbra de la lengua no tanto la dulzura entrelazada sino el ácido febril del mordisqueo.
Sobre mi lengua alfarera la posta de tus ojos insomnes, el largo itinerario de tu cuerpo.
Sobre la lengua el metálico sabor de tu deseo.
Mayo de 1994