Un cabello de ángel colgando del cielo, si no es la espada de Damocles, es soga para el espíritu, gemido equilibrista, que, en él agarrado, puede mecerse sobre la tierra y creer que es la araña de un hilo arrancado de su propio cerebro, cordón umbilical que lo vincula a su nido que está en el azul. Pero no sabemos qué es el norte, qué es el sur, el cenit y la nada, la vida y la muerte, la tierra y el cielo, cuál es el metro que lleva al paraíso y qué aeronave nos conduce al infierno.
De “Poemas colgados de un cabello”