Cuando me hablan de ti, es como si me perfumaran la cara con una hoja de mirto. Ya estoy tan seguro de que te quiero, que a veces quito mis ojos de la luz para que atraviesen la noche por el cielo. el cielo.
Los jardines saben el nombre de tu río y el de los antílopes que lo cruzan jugando entre el agua; ninguno habrá que no lo haya sentido fluir, humedeciéndome la boca, en la mañana, o al caer la tarde, sobre el aliento perezoso de las flores.