Helada en su corona de deseo quién la verá, perfume de otro día, ramo de aire perdido, todavía. Espacio, luz de amor, lengua de aseo.
Terrible, incomparable, alta la veo quebrar la espuma insomne -alma mía-, en su sabor hallando la alegría, el sonido, su flor; la voz de Orfeo.
Dura en su nieve, en su adiós de la tierra, qué ámbito iluminado o noche ciega la espera. Dónde irá el viento, su día.
Qué mar, qué luna; qué espejo la cierra desdichado. jQué río alto la riega sin amargura y bebe su agonía!