No; no volver a quererte, qué locura...

No; no volver a quererte, qué locura…

No; volver a quererte, qué locura, qué cielo amargo me envenenaría el ánimo, la sed, la noche pura del sueño en que te vuelve a ver el día.

Qué bienaventuranza triste, dura, es la de abrirme el pecho, tiranía ardiente sin consuelo, flor oscura espaciosa: clavel, soledad mía.

Frente de amor, ternura transparente. No, sin cesar hacia el olvido: río, niebla, isla, piedra, luna, esfera ausente;

ay, alto aire aterido, sin amigo, primor inútilmente vuelto al frío, a la memoria, sin nadie, contigo.