A Victoria y Enrique
Yo quisiera ser feliz como un pie desnudo en una playa; como un reno frente al mar; como la cinta llena de muerte de la gorra de los marineros; como la hoja de ciprés que guarda el horizonte de las estatuas; como duerme el Condestable de Castilla en la Catedral de Burgos; como la hoja y la corona del laurel; como tu sombra de plomo, dormida entre columnas y peces; como el aire desierto.
¡Pero yo estoy con tu muerte sin pronto! Con un cielo que se cansa de mirar los pastos; con un cielo que vuelve hacia sí la mirada de piedra y nieve que llevo colgada de los dientes. Yo sé que él consuela a algunos, pero a mí me destemp!a el corazón, de flor apretada, de espuma sin raíz, de gemido impedido.
Pero tu muerte es tu muerte: sin murallas, con todo el tiempo distante en la boca. ¡Como el aire desnudo!