El himno

El himno

Bebe ¡oh Dios! Entre los bosques, al través de la espesura, los feroces jabalíes han huido, y en la mitad de su carrera puso término a su insólita pavura rayo ardiente y luminoso, de mi aljaba desprendido.

Bebe ¡oh Dios! Para tu copa dieron mieles las abejas de los huertos del Palacio blanco y oro; ya del Lobo y la Serpiente la medrosa vista alejas y vierte la lengua de Orga su sacro raudal sonoro.

Cuando tu aliento se cierne sobre el campo de batalla, ríe el guerrero a la Muerte que le acecha; si en el espacio infinito, con el trueno, tu potente voz estalla se hunde en el cuello la lanza y en el corazón la flecha.