Elegía I

Elegía I

Mi alma es casi dichosa y casi triste porque el cielo es el mismo cielo de nuestra dicha y el amor que me inspira, ay, es el mismo amor de aquellos días.

Y por eso mi alma, triste y dichosa a un tiempo, es igual que una virgen embriagada o una antigua bacante que ríe y llora ebria en las colinas, y está loca de vientos y de lunas, de soles y de pinos y de altura, y llora y ríe sin saber qué hace y sus pies en las flores despiertan leve música y el torrente acompaña sus éxtasis salvajes y el crepúsculo besa sus mejillas y la creación resuena a su voz amorosa y le responde con ardientes ecos, y a través de la sombra con sus astros lejanos le contestan los cielos.

Así, mi alma no sabe qué dice ni qué calla y está casi dichosa y casi triste y sin saber por qué llora y sonríe y canta y se lamenta, y va como una virgen destrenzada y desnuda por valles y montañas, y los pastores huyen a su paso y las mozas se ocultan para verla, y su fervor por todo es tan divino, y su amor tan ardiente que nadie lo comparte, y por eso va sola por las verdes colinas y las montañas grises, sola, casi dichosa y casi triste.