Amanece en las calles. Córdoba se despierta. Ya es de día. Te amo. Ya van camino del río los areneros con sus palas, sus asnos. El invierno se va. La niebla se disuelve en torno de los álamos.
Crecido viene el río como mi corazón. Tu recuerdo desborda como el río mi vida inundándola toda con sus aguas violentas donde flotan almiares, animales que aúllan, negros troncos de árboles y despojos y ruedas.
Oh tú que una mañana -se diría esta misma- paseaste conmigo, de mi brazo. mirando los rojos remolinos estrellarse en el puente que custodia impasible un arcángel de mármol.
Todo era igual. Diríase que no ha cambiado nada. En San Francisco tocan las campanas a misa. La Posada del Potro ha abierto ya sus puertas y hay en el suelo paja que cayó de los carros, y labriegos, y mulos que beben en la fuente.
Todo es igual. Diríase que no ha cambiado nada. Amanece y te amo. Aún es Córdoba bella… Tu casa está cerrada. ¿Me esperas todavía? ¿Duermes, o acaso esperas que llegue hasta tu puerta?
Imposible. Aquel tiempo ya pasó para siempre. Pero dime que todo es una pesadilla. Dime que no han pasado los años, amor mío. Dime que no has dejado de amarme, dulce amiga.