Encuentro nocturno

Encuentro nocturno

Al final del verano, en las murallas rotas donde viejos molinos dispersan por las islas sus ruedas [mutiladas, a la hora en que la tierra suspira por la luna te encontré… Yo ignoraba a qué cimas de amor y de hermosura se alzaría mi vida. Las palmeras y adelfas aromaban el lugar fresco. El cielo dominaba a la tierra. Todo era aroma, amor y ansia… Los hombres, a esta paz y esta tortura la llaman noche. Agótase humillada la luz ante tal honda oscuridad que funde cielo, tierra, amante, amor, amado. Para este beso no encontraron nombre. Mi alma es casi dichosa y casi triste porque el cielo es el mismo cielo de nuestra dicha y el amor que me inspira, ay, es el mismo amor de aquellos días.

Y por eso mi alma, triste y dichosa a un tiempo, es igual que una virgen embriagada o una antigua bacante que ríe y llora ebria en las colinas, y está loca de vientos y de lunas, de soles y de pinos y de altura, y llora y ríe sin saber qué hace y sus pies en las flores despiertan leve música y el torrente acompaña sus éxtasis salvajes y el crepúsculo besa sus mejillas y la creación resuena a su voz amorosa y le responde con ardientes ecos, y a través de la sombra con sus astros lejanos le contestan los cielos.>

Así, mi alma no sabe qué dice ni qué calla y está casi dichosa y casi triste y sin saber por qué llora y sonríe y canta y se lamenta, y va como una virgen destrenzada y desnuda por valles y montañas, y los pastores huyen a su paso y las mozas se ocultan para verla, y su fervor por todo es tan divino, y su amor tan ardiente que nadie lo comparte, y por eso va sola por las verdes colinas y las montañas grises, sola, casi dichosa y casi triste.