El árbol chorreando ante la iglesia bajo la lluvia espesa y fina era una esperanza muerta en el invierno. Sobre la húmeda torre, los celajes deshechos y blanquísimos mostraban el cuerpo azul diáfano del cielo recién poseído por el sol. Abajo, la vida oscura, ciega, sin futuros, calles acuosas, árboles sin hojas, empañados cristales… En la altura una vida de luz, de amor, de gracia, ajena a todo sentimiento y bella en su impasible gloria… Yo, enlutado, desterrado, desde un portal oscuro contemplando imposibles paraísos.