Invitación a la dicha

Invitación a la dicha

Es dulce ser amado pero amar, oh dioses, qué ventura… Goethe

Ámame ahora que tengo los cabellos negros y una corona de junco y el perfume del agua y de la jara en los brazos desnudos.

Ámame ahora que tengo en los ojos la suave llama de la tarde y la gracia de la sonrisa y la leve frescura de los manantiales.

Ámame ahora que tengo en los labios el fuego deslumbrante del Mediodía y la serenidad del cielo en las mejillas.

Ámame ahora que tengo en el cuello el resplandor de los lirios quemados. Ámame ahora que corre por mis hombros el torrente divino del deseo. Ámame ahora que tengo el pecho ebrio como una flor de vino.

Ahora y no luego, ahora y no mañana, ahora que besa mi alma todo tu cuerpo confundiendo su aliento al de mis labios.

Bésame ahora que es primavera y el chamariz canta y vuela en un árbol, ahora, amor mío, que estamos en mayo y zumban en el aire las abejas, ahora que todo es hermoso y feliz, ahora y no mañana, ahora y no luego.

Bésame los labios, el cabello, los hombros ahora que en los huertos florecidos es tan dulce la flor primera del granado.

Dame todo tu amor ahora, amor mío, ¿no ves que soy en la tierra dichosa, dulce como el árbol del paraíso?

Ahora que soy un manantial virgen donde cada onda es una caricia, una colina verde donde cada florecilla es un labio encendido, un valle misterioso donde cada viento es un suspiro, un río de amores cuya música frágil es tu nombre.

¿No son nuestros estos días tan bellos? ¿No es hermosa la tierra bajo el sol y la luna? ¿No habla todo de amor desde el alba a la tarde?

¡Ámame! ¡Ahora y no mañana; ahora y no luego!