Nada sé del amor. Si tú no me lo enseñas no sabré nunca nada de él…
Dilatarse en la sombra con la luna donde cuerpos desnudos hacen manar las fuentes, crisparse bajo la ciega violencia de las manos soberbias de otros dioses (que no tienen nombre) y sentir en la piel lisa y morena abrasadoramente todo el bosque o ir a través del sueño buscando todavía aquel suave musgo que puso en nuestro cuerpo inocencia de instantáneo paraíso, no es amor, es rasgar tu costado con un astro furioso, es clavarte en la cruz intensa de nuestra carne, ofrecer a tu sed nuestro sudor lascivo, reír de tu agonía tendidos y abrazados sobre el césped.