Sueño morir cada hora frente al rumor de su frente. Sueño que muere en mis labios la luz de aquello que siente.
Mil lenguas cubren de oro la soledad de su cuerpo. Niños con alas de nieve cubren su pecho por dentro.
Ángeles malvas recogen su cabellera en mis labios. Mi cuerpo, el suyo, asombrados cual hilos de oro de un cántico.
Mi cuerpo, el suyo, enlazados cual vivos troncos en llamas que un viento azul agitaran, caliente en mieles y nardos.