Te traigo una pequeña alga que se revolvía en la espuma del mar, y este peine. Pero tus cabellos están mejor trenzados que las nubes con el viento con los rubores celestes y están de tal manera estremecidos de vida y de sollozos que al retorcerse a veces entre mis manos mueren junto a las olas y los arrecifes de la orilla con tanta abundancia que hará falta mucho tiempo para ya no esperar los perfumes y su huida con la noche durante la que este peine marca sin moverse las estrellas sepultadas en su rápido y sedoso curso atravesado por mis dedos que solicitan aún a su raíz la caricia húmeda de un mar más peligroso que aquél donde esta alga fue recogida entre la espuma dispersa de una tempestad.
Una estrella que muere se parece a tus labios que azulean como el vino derramado sobre el mantel Transcurre un instante con hondura de mina La antracita se queja sordamente y cae en copos sobre la ciudad Hace frío en el callejón sin salida donde te conocí Un número olvidado en una casa en ruinas creo que el número 4 Te reencontraré dentro de pocos días cerca de esa maceta de flores estrelladas Las minas roncan sordamente Los techos están cubiertos de antracita
Este peine en tus cabellos parece el fin del mundo El humo el ave ancestral y al arrendajo allá se acabaron las rosas y las esmeraldas las piedras preciosas y las flores La tierra se desmorona y se estrella con el ruido de una plancha sobre el nácar pero tus cabellos tan bien trenzados tienen la forma de una mano
Versión de Jorge Fernández