Pensó que a solas podía captar el universo entero; Pero la única voz que obtuvo por respuesta Fue el falso eco de sí mismo Que procedía del precipicio, al otro lado del lago.
Una mañana, desde una roca de la playa, Clamó que lo que él quería en la vida No era una mera copia hablada de su propio amor Sino un amor correspondido, y con voz propia. Y la única respuesta encarnada Capaz de dar respuesta a su queja matinal Comenzó a descender, en la otra orilla, por el talud del acantilado hasta el lago para zambullirse después en las distantes aguas. Pero cuando tras nadar un buen trecho se aproximó a su orilla En lugar de poseer forma humana Y de ser quien él tanto había anhelado Resultó ser un gran macho cabrío, que aparecía poderoso apartando las encrespadas aguas con su enorme pecho. Y al llegar a tierra Desprendiendo agua como una cascada, Comenzó a tambalearse a través de las rocas con su cornamenta, Hasta que se perdió en la maleza -y eso fue todo-.
Versión de Sergio Trigán