Una vez, junto al pacífico

Una vez, junto al pacífico

Las aguas agitadas con gran fragor rompían. Y las olas cimeras, al ver las que venían, hacer algo querían a la costa cercana que el mar jamás ha hecho a la tierra su hermana. Bajas e hirsutas eran las nubes en el cielo, como guedejas sobre unos ojos de anhelo. Diríase, en verdad, sin poder dar razones, que agradaba a la costa tener sus farallones, y a éstos ser sostenidos por todo un continente. Se acercaba una noche de tiniebla evidente, y no sólo una noche, sino una época horrible. Habría que aprestarse contra un furor posible, pues vendría algo más que olas en algazara cuando su último ¡Apáguese la luz! Dios decretara.

Versión de Agustí Bartra