Caballo, buen caballo que te acercas tú no verás jamás lo que yo veo A acariciar el pelo de la infancia vine con una llama en cada dedo.
Digo palabras, luz me da su aceite y arde sin consumirse mi mirada La ciudad que se incendia llevo en mí y en ella una mujer que hay que salvar Una alondra, una antorcha sosegada hija de fuego que insiste en soñar.
El aire está repleto de soldados, de muros, de caballos que se espantan de galopes furiosos una chispa bajo los cascos de la tempestad y mi pecho revienta de metralla y sólo con mi aliento abraso el bosque.
Hablo para la nutria y el visón hablo para la sed y la laguna hablo entre mí para apartar las vigas y el pelo de la frente de mi niño mi niño más azul que mil caminos más puro en mí que el árbol en el viento.
Caballo, buen caballo que me escuchas dime que me comprendes, buen caballo. De “Las fiestas solares”
Versión de Enrique Moreno Castillo