Todo ha terminado, dice la voz del sueño, y ahora eres el reflejo de aquel señor Wiltshire, comerciante de copra en los mares del sur, el blanco que desposó a Urna, que tuvo muchos hijos, el que mató a Case y el que jamás volvió a Inglaterra, eres como el cojo a quien el amor convirtió en héroe: nunca regresarás a tu tierra (¿pero cuál es tu tierra?), nunca serás un hombre sabio, vaya, ni siquiera un hombre razonablemente inteligente, pero el amor y tu sangre te hicieron dar un paso, incierto pero necesario, en medio de la noche, y el amor que guió ese paso te salva.