El amor empieza cuando se rompen los dedos y se dan vuelta las solapas del traje, cuando ya no hace falta pero tampoco sobra la vejez de mirarse, cuando la torre de los recuerdos, baja o alta, se agacha hasta la sangre.
El amor empieza cuando Dios termina Y cuando el hombre cae, mientras las cosas, demasiado eternas, comienzan a gastarse, y los signos, las bocas y los signos, se muerden mutuamente en cualquier parte.
El amor empieza cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado sobre la soledad irremediable.
Porque el amor es simplemente eso: la forma del comienzo tercamente escondida detrás de los finales.