Hay corazones sin dueño...

Hay corazones sin dueño…

Hay corazones sin dueño, que no tuvieron nunca la oportunidad de regir como un péndulo casi atroz el laborioso espasmo de la carne.

Hay corazones de repuesto, que esperan sabiamente o por quién sabe qué mandato el momento de asumir su locura.

Hay corazones sobrantes que se descuelgan como puños de contrabando desde la permanente anomalía de ser un corazón.

Y hay también un corazón perdido, una campana de silencio, que nadie sin embargo ha encontrado entre todas las cosas perdidas de la tierra.

Pero todo corazón es un testigo y una segura prueba de que la vida es una escala inadecuada para trazar el mapa de la vida.