Odio

Odio

Me faltan algunos odios todavía. Estoy seguro de que existen. Céline

El odio son las cosas que te gustaría hacer con el locutor deportivo de la radio del vecino esos domingos por la tarde.

El odio son las cosas que te gustaría hacer con el macaco de uniforme que sentencia -arma al cinto- que el semáforo no estaba en ámbar, sino en rojo.

El odio son las cosas que te gustaría hacer con el cívico paleto vestido de payaso que te dice que no se permiten perros en el parque.

El odio son las cosas que te gustaría hacer con la gente que choca contigo por la calle cuando vas cargado con las bolsas de la compra o un bidón de queroseno para una estufa que en cualquier caso no funciona.

El odio son las cosas que te gustaría hacer con los automovilistas cuando pisas un paso de peatones y aceleran.

El odio son las cosas que te gustaría hacer con el neandertal en cuyas manos alguien ha puesto ese taladro de percusión.

El odio son las cosas que te gustaría hacer cuando le dejas un libro a alguien y te lo devuelve en edición fascicular.

El odio es una edición crítica de Góngora.

El odio son las campanas de la iglesia en mañanas de resaca.

El odio es la familia. El odio es un cajero que se niega a darte más billetes por imposibilidad transitoria de comunicación con la central.

El odio es una abogada de oficio aliándose con el representante de la ley a las ocho de la mañana en una comisaría mientras sufres un ataque de hipotermia.

El odio es una úlcera en un atasco.

El odio son las palomitas en el cine.

El odio es un cenicero atestado de cáscaras de pipa.

El odio es un teléfono.

El odio es preguntar por un teléfono y que te digan que no hay.

El odio es una visita no solicitada.

El odio es un flautista aficionado.

El odio en estado puro es retroactivo personal e intransferible.

El odio es que un estúpido no entienda tu incomprensión, tu estupidez.

El odio son las cosas que te gustaría hacer con este poema si tu pluma valiera su pistola.