-La bella mal maridada, de las lindas que yo vi, véote tan triste enojada; la verdad dila tú a mí. Si has de tomar amores por otro, no dejes a mí, que a tu marido, señora, con otras dueñas lo vi, besando y retozando: mucho mal dice de ti; juraba y perjuraba que te había de ferir. - Allí habló la señora, allí habló, y dijo así: -Sácame tú, el caballero, tú sacásesme de aquí; por las tierras donde fueres bien te sabría yo servir: yo te haría bien la cama en que hayamos de dormir, yo te guisaré la cena como a caballero gentil, de gallinas y capones y otras cosas más de mil; que a éste mi marido ya no le puedo sufrir, que me da muy mala vida cual vos bien podéis oir. - Ellos en aquesto estando su marido hélo aquí: -¿Qué hacéis mala traidora? ¡Hoy habedes de morir! -¿Y por qué, señor, por qué? Que nunca os lo merecí. Nunca besé a hombre, mas hombre besó a mí; las penas que él merecía, señor, daldas vos amí; con riendas de tu caballo, señor, azotes amí; con cordones de oro y sirgo viva ahorques a mí. En la huerta de los naranjos viva entierres a mí, en sepoltura de oro y labrada de marfil; y pongas encima un mote, señor, que diga así: «Aquí está la flor de las flores, por amores murió aquí; cualquier que muere de amores mándese enterrar aquí. que así hice yo, mezquina, que por amar me perdí.-»