De Francia partió la niña, de Francia la bien guarnida: íbase para París, do padre y madre tenía: errado lleva el camino, errada lleva la vía, arrimárase a un roble por esperar compañía, vio venir un caballero, que a París lleva la guía. La niña, desque lo vido, desta suerte le decía:
La misa del amor
Mañanita de San Juan, mañanita de primor, cuando damas y galanes van a oír misa mayor. Allá va la mi señora, entre todas la mejor; viste saya sobre saya, mantellín de tornasol, camisa con oro y perlas bordada en el cabezón. En la su boca muy linda lleva un poco de dulzor; en la su cara tan blanca, un poquito de arrebol, y en los sus ojuelos garzos lleva un poco de alcohol; así entraba por la iglesia relumbrando como el sol. Las damas mueren de envidia, y los galanes de amor. El que cantaba en el coro, en el credo se perdió; el abad que dice misa, ha trocado la lición; monacillos que le ayudan, no aciertan responder, non, por decir amén, amén, dicen amor, amor.