Romance de la amiga de Bernal Francés

Romance de la amiga de Bernal Francés

-Sola me estoy en mi cama namorando mi cojín; ¿quién será ese caballero que a mi puerta dice: «Abrid,,? -Soy Bernal Francés, señora, el que te suele servir de noche para la cama, de día para el jardín.-

Alzó sábanas de holanda, cubrióse de un mantellín; tomó candil de oro en mano y a la puerta bajó a abrir. Al entreabrir de la puerta él dio un soplo en el candil.

-¡Válgame Nuestra Señora, válgame el señor San Gil! Quien apagó mi candela puede apagar mi vivir. -No te espantes, Catalina, ni me quieras descubrir, que a un hombre he muerto en la calle, la justicia va tras mí.-

Le ha cogido de la mano y le ha entrado al camarín; sentóle en silla de plata con respaldo de marfil; bañóle todo su cuerpo con agua de toronjil; hízole cama de rosa, cabecera de alhelí.

-¿Qué tienes, Bernal Francés, que estás triste a par de mí? ¿Tienes miedo a la justicia? No entrará aquí el alguacil. ¿Tienes miedo a mis criados? Están al mejor dormir. -No temo yo a la justicia, que la busco para mí, ni menos temo criados que duermen su buen dormir. -¿Qué tienes, Bernal Francés? jNo solías ser así! Otro amor dejaste en Francia o te han dicho mal de mí. -No dejo amores en Francia, que otro amor nunca serví. -Si temes a mi marido, muy lejos está de aquí. -Lo muy lejos se hace cerca para quien quiere venir, y tu marido, señora, lo tienes a par de ti. Por regalo de mi vuelta te he dar rico vestir, vestido de fina grana forrado de carmesí, y gargantilla encarnada como en damas nunca vi;- gargantilla de mi espada, que tu cuello va a ceñir. Nuevas irán al Francés que arrastre luto por ti.