En Castilla está un castillo, que se llama Rocafrida; al castillo llaman Roca, y a la fonte llaman Frida. El pie tenía de oro y almenas de plata fina; entre almena y almena está una piedra zafira; tanto relumbra de noche como el sol a mediodía. Dentro estaba una doncella que llaman Rosaflorida; siete condes la demandan, tres duques de Lombardía; a todos les desdeñaba, tanta es su lozanía. Enamoróse de Montesinos de oídas, que no de vista. Una noche estando así, gritos da Rosaflorida; oyérala un camarero, que en su cámara dormía. -“¿Qu’es aquesto, mi señora?