No te pongas bravo, poeta

No te pongas bravo, poeta

La vida paga sus cuentas con tu sangre y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.

Cógele el cuello de una vez, desnúdala, túmbala y haz en ella tu pelea de fuego, rellénale la tripa majestuosa, préñala, ponla a parir cien años por el corazón.

Pero con lindo modo, hermano, con un gesto propicio para la melancolía.