Para Luis y Stanley
Ellos son los que viven sin nacer a la tierra: no les sigáis con vuestros ojos, vuestra mirada dura, nutrida de firmezas, cae a sus pies como impotente llanto.
Ellos son los que viven en el líquido olvido, oyendo sólo el corazón materno que les mece, el pulso de la calma o la borrasca como el misterio o canto de un ámbito entrañable.
París, 1938