Desnudos, asomados...

Desnudos, asomados…

Desnudos, asomados a un pasaje colmado de pinturas, donde, vueltos de espaldas, las figuras parecen mirar hacia el interior de cada cuadro las nubes, un tronco, unas piedras. Olvidadas de sí, sus miradas habitan el cuerpo del retrato: una piedra, esa desvencijada puerta, aquel sendero que llega, pasos en la página que elude guarecerlas, donde la palabra quizás escucha un viento brusco en las horas y de golpe el silencio: solos sus ojos al mirar de soslayo un pájaro aleteando, deseo de percepción; el frío, su figura en lo azul, nuestra sola cosecha. De “El sur hacia mí” Igitur, 2001