En horas insomnes como rocas...

En horas insomnes como rocas…

En horas insomnes como rocas veo tu frente herida por el aire, tu espalda que el aire descubre y explora, tu boca entreabriéndose y tus manos huecas oreadas en la densidad de la noche. Te escucho arder en gestos desvelados, largos, veo tus muslos tensos que guardan para sí su piel más fina y secreta; me quedan solos tus ojos cerrados al misterio del aire. De “La noche es una voz soñada” 1994