Si yo fuera Alejandra la fugaz, de bellos ojos enquistados en la fiebre, ojos que dibujan su forma, cansados de leer palabras que nombran y hacen sombras sin carne, sabiendo que se trata de eso, de hacer la ausencia; si yo fuera su fiebre, su fruto mordido, su único pájaro en el viento o sus brazos, follaje mortecino, transparencias a la luz del cielo, amorosos restos de una biografía. Al cruzar este mundo, desde la otra orilla, a través de su retina, desde la barandilla de la barca de la laguna Estigia, toda la noche, diría: escucho con mis ojos a los muertos.
De “El sur hacia mí” Igitur, 2001