En los ecos del órgano, o en el rumor del viento, en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia, te adivinaba en todo, y en todo te buscaba, sin encontrarte nunca. Quizás después te ha hallado, te ha hallado y ha perdido otra vez de la vida en la batalla ruda, ya que sigue buscándote y te adivina en todo, sin encontrarte nunca. Pero sabe que existes y no eres vano sueño, hermosura sin nombre, pero perfecta y única. Por eso vive triste, porque te busca siempre, sin encontrarte nunca.