Recuerda el trinar del ave...

Recuerda el trinar del ave…

Recuerda el trinar del ave y el chasquido de los besos; los rumores de la selva, cuando en ella gime el viento, y del mar las tempestades, y la bronca voz del trueno; todo halla un eco en las cuerdas del arpa que pulsa el genio.

Pero aquel sordo latido del corazón que está enfermo de muerte, y que de amor muere y que resuena en el pecho como en bordón que se rompe dentro de un sepulcro hueco, es tan triste y melancólico, tan horrible y tan supremo, que jamás el genio pudo repetirlo con sus ecos.