A tu puerta llamé, no estabas...

A tu puerta llamé, no estabas…

A tu puerta llamé. No estabas. Aspas de viaje te arrancaron. ¿Quién volverá cuando regreses? Viento sin recuerdos, en la noche se envuelve de inútiles presagios.

Dicen que la vida prosigue. Entre nieves remotas, luces que desconozco, abro los brazos -lazarillos a ciegas-; busco.

Desde aquí, junto a la oreja sorda amo en secreto, y enmudezco. Dicen que la vida no perdona. A tu puerta llego, y sin mirarte, maravillado te contemplo.

¿Regresaste, vives, te escondiste? Frente a tu casa silenciosa -pienso que estás-, no llamo. Espero. Y pasa la vida, y se detiene.