Desde su nudo a ciegas, desde su ramazón violeta, suena encogida en su hervor la sola fuente del conjuro que te llama. Tú, palabra antigua, bajo el lirio del vientre de la noche sabes lo que no soy; desde lejanos nombres como ciudades, vienes; como pueblos de alas retenidas vienes; como bocas no saciadas.
Mañana espacial entre despojos nupciales; lecho reviviente del amor de ramas libertadas sobre la herrumbe de otras hojas; juicio universal de cada instante. Del tiempo matinal emerges con terrestre peso de estaciones al sol; en mi cuerpo te alimentas; orden de vida restableces en mi corazón desengranado.