No es mi año, alguien te tiene...

No es mi año, alguien te tiene…

No es en mi año. Alguien te tiene, no es en mi daño. Y sin embargo me daña en la duda lo que fuiste; y así me acostumbro, y lo soporto, y hasta parece que me place.

Ya sin despensas de futuro, mutilado soy por mis desechos. Y alegre de no vivir un día más, me complazco porque ahora estoy vivo. Me rasco, duermo.

De nada te vale, que, emboscado, me chupe la hiel, y en copa de oro, el veneno aquel que me serviste: se me va olvidando ya el propósito de recordarte, y ya me extraña el haber sido quien te quiso.

Pero no sé qué me habrás dado que me ardo de filos y herrumbres; que anda curtido y enchilado por aquí mi corazón, y llora. Tan exigente en mí, tan áspera sigues de tiránicos abrojos.

Aunque me emborracho por perderte o me atiborro de estar hueco de ti, para encontrar quién eras.

Uñas para rascarme alargo insuficientes; y estos huesos, ya sin su vestido, se me salen y te los mando, y en tu almohada los dientes pela, ojos redondos, otra calavera que es la mía.

Y habrán germinado qué semillas; cuánta mala hierba habrá crecido que, hendido sus sílabas vetustas, hace que salten mis palabras: losas de pavimento rotas en la ciudad que fue del canto.