Qué llenará a mis ojos, al abrirlos...

Qué llenará a mis ojos, al abrirlos…

¿Qué llenará mis ojos, al abrirlos desde el fondo del miedo; de qué trémula boca salió la lengua que me lame?

¿Y habré de ver, si vuelvo la cabeza de prisa, quién respira a mis espaldas?

Sólo de ácida sal, sólo preñada acidez, mi bebida. Y lo que viene, aquello que se acerca, lo que camina en torno y embistiendo.

Cantando estoy, haciéndome de valor con cantar bajo lo oscuro. La pobreza, y el paso uniformado, y el cartel de protesta.

Acaso inofensivo, acaso inútil, no defensivo acaso. Y es un soplo de burbujas quebrándose, un callado grito de bestia bajo el agua, un rescoldo de cuerpo que se ahoga.

Y suéltase la sangre convocada, y su antídoto estrépito graniza, crece por dentro de la oreja, contra la mordedura de un silencio que mata en tres segundos.

Bienvenido el que llega, si en las manos tiene la sal augusta para el hueco de mis cimientos despojados. El caballo homicida, bienvenido sea, con el galope mariguano y la huella cuádruple hendida; y el sueño adverso en orden de batalla, y la saliva atroz que sobrevive al suntuoso desorden del combate.

Y algo como el amor de mis hermanos se despliega en mi contra, se abandera, en contra mía prevalece. Y lo que soy mañana, me recibe.