Te abraza la lluvia en su descenso de resbalantes lenguas párvulas; descifras su caída al sesgo; sus tocamientos multiplicas en ti; los amparas, te conocen:
Ánfora armónica en perpetua reconciliación, recinto cálido, hogar de las delicias, próspero alhajero de arcillas dóciles.
Aprieta la lluvia: albercas, mares, oleaje que te desahoga. Anticipándose, ambicioso, en torno de ti mi afán aprieta: dulceamarga serpiente, alianza clandestina del terror y el júbilo.
Ánfora tu cuerpo, revestido por su desnudez; barro engastado de blandas perlas, se envanece con las deleitosas cicatrices de un dolor que pasó; que exponen lo apenas sanado al riesgo nuevo.
Yo las encuentro, y al tocarlas te sigo en otras cicatrices, mapa de táctiles misterios, que el tiempo no olvida, pero esconde.
Llueve y me afano. Tú me abrazas en mi caída; me descifras cuando te abrazo. Y me amonesto: Nunca es temprano para amarte.
Y sé que nunca será pronto.