y ritma tus acciones… Ama tu ritmo y ritma tus acciones bajo su ley, así como tus versos; eres un universo de universos y tu alma una fuente de canciones.
La celeste unidad que presupones hará brotar en ti mundos diversos, y al resonar tus números dispersos pitagoriza en tus constelaciones.
Escucha la retórica divina del pájaro, del aire y la nocturna irradiación geométrica adivina;
mata la indiferencia taciturna y engarza perla y perla cristalina en donde la verdad vuelca su urna.
Augurios
A E. Díaz Romero
Hoy pasó un águila sobre mi cabeza, lleva en sus alas la tormenta, lleva en sus garras el rayo que deslumbra y aterra.
¡Oh, águila! Dame la fortaleza de sentirme en el lodo humano con alas y fuerzas para resistir los embates de las tempestades perversas, y de arriba las cóleras y de abajo las roedoras miserias.
Pasó un búho sobre mi frente. Yo pensé en Minerva y en la noche solemne. ¡Oh, búho! Dame tu silencio perenne, y tus ojos profundos en la noche y tu tranquilidad ante la muerte.
Dame tu nocturno imperio y tu sabiduría celeste, y tu cabeza cual la de Jano que, siendo una, mira a Oriente y Occidente. Pasó una paloma que casi rozó con sus alas mis labios.
¡Oh, paloma! Dame tu profundo encanto de saber arrullar, y tu lascivia en campo tornasol, y en campo de luz tu prodigioso ardor en el divino acto.
(Y dame la justicia en la naturaleza, pues, en este caso, tú serás la perversa y el chivo será el casto.) Pasó un gerifalte. ¡Oh, gerifalte!
Dame tus uñas largas y tus ágiles alas cortadoras de viento y tus ágiles patas y tus uñas que bien se hunden en las carnes de la caza.
Por mi cetrería irás en giras fantásticas, y me traerás piezas famosas y raras, palpitantes ideas, sangrientas almas.
Pasa el ruiseñor. ¡Ah, divino doctor! No me des nada. Tengo tu veneno, tu puesta de sol y tu noche de luna y tu lira, y tu lírico amor.
(Sin embargo, en secreto, tu amigo soy, pues más de una vez me has brindado, en la copa de mi dolor, con el elixir de la luna celestes gotas de Dios…)
Pasa un murciélago. Pasa una mosca. Un moscardón. Una abeja en el crepúsculo. No pasa nada. La muerte llegó.
Ay, triste del que un día en su esfinge interior…
Ay, triste del que un día en su esfinge interior pone los ojos e interroga. Está perdido. Ay del que pide eurekas al placer o al dolor.
Dos dioses hay, y son: Ignorancia y Olvido. Lo que el árbol desea decir y dice al viento, y lo que el animal manifiesta en su instinto, cristalizamos en palabra y pensamiento. Nada más que maneras expresan lo distinto.