A Gregorio Martínez Sierra
Nada mejor para cantar la vida, y aún para dar sonrisas a la muerte, que la áurea copa en donde Venus vierte la esencia azul de su viña encendida. Por respirar los perfumes de Armida y por sorber el vino de su beso, vino de ardor, de beso, de embeleso, fuérase al cielo en la bestia de Orlando, ¡voz de oro y miel para decir cantando: la mejor musa es la de carne y hueso!
Cabellos largos en la buhardilla, noches de insomnio al blancor del invierno, pan de dolor con la sal de lo eterno y ojos de ardor en que Juvencio brilla; el tiempo en vano mueve su cuchilla, el hilo de oro permanece ileso; visión de gloria para el libro impreso que en sueños va como una mariposa y una esperanza en la boca de rosa. ¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Regio automóvil, regia cetrería, borla y mucera, heráldica fortuna, nada son como a la luz de la luna una mujer hecha una melodía. Barca de amar busca la fantasía, no el yatch de Alfonso o la barca de Creso. Da al cuerpo llama y fortifica el seso ese archivado y vital paraíso; pasad de largo, Abelardo y Narciso. ¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Clío está en esta frente hecha de Aurora, Euterpe canta en esta lengua fina, Talía ríe en la boca divina, Melpómene es ese gesto que implora; en estos pies Terpsícore se adora, cuello inclinado es de Erato embeleso, Polymnia intenta a Calíope proceso por esos ojos en que Amor se quema. Urania rige todo ese sistema. ¡La mejor musa es la de carne y hueso!
No protestéis con celo protestante, contra el panal de rosas y claveles en que Tiziano moja sus pinceles y gusta el cielo de Beatrice el Dante. Por eso existe el verso de diamante, por eso el iris tiéndese y por eso humano genio es celeste progreso. Líricos cantan y meditan sabios: por esos pechos y por esos labios. ¡La mejor musa es la de carne y hueso!
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Gregorio: nada al cantor determina como el gentil estímulo del beso. Gloria al sabor de la boca divina. ¡La mejor musa es la de carne y hueso!