A Mademoiselle Villagrán
¡Dies irae, dies illa! ¡Solvet seclum in favilla cuando quema esa pupila!
La tierra se vuelve loca, el cielo a la tierra invoca cuando sonríe esa boca.
Tiemblan los lirios tempranos y los árboles lozanos al contacto de esas manos.
El bosque se encuentra estrecho al egipán en acecho cuando respira ese pecho.
Sobre los senderos, es como una fiesta, después que se han sentido esos pies.
Y el Sol, sultán de orgullosas rosas, dice a sus hermosas cuando en primavera están:
¡Rosas, rosas, dadme rosas para Adela Villagrán!