¡Claras horas de la mañana en que mil clarines de oro dicen la divina diana! ¡Salve al celeste Sol sonoro!
En la angustia de la ignorancia de lo porvenir, saludemos la barca llena de fragancia que tiene de marfil los remos.
¡Epicúreos o soñadores amemos la gloriosa Vida, siempre coronada de flores y siempre la antorcha encendida!
Exprimamos de los racimos de nuestra vida transitoria los placeres porque vivimos y los champañas de la gloria.
Devanemos de Amor los hilos, hagamos, porque es bello, el bien, y después durmamos tranquilos y por siempre jamás. Amén.