Sobre el diván dejé la mandolina y fui a besar la boca purpurina, la boca de mi hermosa Florentina.
Y es ella dulce y rosa y muerde y besa; y es una boca rosa, fresa; y Amor no ha visto boca como esa.
Sangre, rubí, coral, carmín, claveles, hay en sus labios finos y crueles, pimientas fuertes, aromadas mieles.
Los dientes blancos riman como versos, y saben esos finos dientes tersos, mordiscos caprichosos y perversos.