Triste, tristemente

Triste, tristemente

Un día estaba yo triste, muy tristemente viendo cómo caía el agua de una fuente;

era la noche dulce y argentina. Lloraba la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba

la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista, diluía la lágrima de un misterioso artista.

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente, que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.